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Débora Domina, desde Rumania
19 de Mayo de 2015

Crucé el charco con una valija llena de miedos y ansiedad. ¿Qué me depararía en Rumanía?. Era una respuesta que no podía anticipar ni planificar. Quizás eso era lo que me atraía, porque implicaba un giro 360º a mi vida, para devolverme luego de un año al mismo lugar pero con otras vivencias.  

Así que les voy a contar un poco más de mi experiencia en Rumanía:

Trabajando:

Lugar: Jardín de Infantes de Colonie Nuci (comunidad gitana a 11 km de mi lugar de residencia)

Edad de los niños: 4 y 5 años

Frases más usada: Cuando se portan mal: Gata copii!!!, para decirles que los quiero: Te iubesc mult, para empezar un juego: face un cerc

En el marco del proyecto que estamos desarrollando, trabajamos en escuelas y jardines de infantes. Elegí trabajar con los niños porque sentí afinidad inmediata con el grupo con el que trabajo. Realizamos juegos y me cuentan de sus familias, de sus mascotas y de lo que hacen después del jardín.  Tenemos grandes diálogos sobre todo porque mi nivel de idioma rumano es algo similar al de un niño de esa edad asi que hablamos también de los colores, los números, el clima y los días de la semana, ¡pero nos entendemos muy bien! Y sino mediante abrazos y cosquillas también nos comunicamos.

En mi casita rumana:

Lugar: Râmnicu Vâlcea

Edad de mis compañeros: 19 – 31 años

Nacionalidades: Argentina, Brasil, España, Portugal, Turquía, Uruguay

Frase más usada: I don´t know how to say this in English

En mi casa somos doce personas de seis nacionalidades distintas, compartimos habitaciones y tenemos un espacio común para cocinar y descansar. Miramos muchas películas con subtítulos en inglés para mejorar nuestra comunicación ya que todos hablamos diferentes idiomas y usamos inglés como lengua de expresión.

 Además a veces probamos comidas exóticas de otros países, por ejemplo las especies de Turquía y sus ricas sopas.  Ni hablar de la tortilla española de la mano de una excelente cocinera de Granada. Aunque por lo general intentamos ahorrar así que papa, arroz, fideos y mamaliga (polenta) son casi los infaltables de nuestra pirámide alimenticia.

Somos una familia con la multiculturalidad presente, aprendiendo a aceptar las diferencias de los demás y respetándonos.

Ru- manía:

En Râmnicu Vâlcea, la ciudad donde vivo no existen motocicletas, las bocinas de los autos se escuchan muy rara vez  y su predominante paisaje es el bosque que rodea a la ciudad, el cual puedo apreciar desde mi balcón todos los días. Es una ciudad pequeña, pero con todas las comodidades para vivir.

Tuve la oportunidad de viajar por otras ciudades de Rumanía también y me gusta mucho el estilo medieval de sus castillos y los rústicos campos donde parece que el reloj se detuvo. Es muy común ver en las casas que la gente tiene sus propias huertas, y los mercados de frutas y verduras con frutas de estación son muy comunes en Rumanía. Frumoasa România!

Aprecio mucho la amabilidad y simplicidad de la gente, los rumanos son muy familieros. Por lo general  la religión que siguen es católica ortodoxa. Tienen muchas costumbres totalmente sorprendentes, por ejemplo para pascua pintan huevos de gallina ya cocinados de diferentes colores que luego rompen chocando con otro huevo también pintado. Por lo general para entrar a una casa, es costumbre sacarse los zapatos.

Viajando y conociendo otras culturas:

Medio de transporte más utilizado dentro de Rumanía: Autostop

Frase más usada: Para preguntar dónde va el conductor: Unde mergi?, para decir que somos voluntarios: Suntem voluntari…

El Servicio de Voluntariado Europeo es un programa que se desarrolla en varios países, por eso al ser  relativamente cortas las distancias entre países estuve junto con mis compañeros visitando a otros voluntarios en otros países. Así pude conocer lugares a través de las personas que fui conociendo.

Resumiendo:

Me siento muy agradecida por esta experiencia, por los compañeros que me tocaron y por la organización que siempre nos da soporte.  

En tres meses estaré de nuevo en Argentina, habré viajado un montón pero no se si tanto como para dar la vuelta al mundo. Aunque como dije al principio, es un giro 360º que vuelve al mismo lugar, con la extraña sensación de que al final no te moviste, de que fue el mundo el que te dio vuelta a vos y cambió tu perspectiva para siempre.

Débora Domina


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